… Pero antes una selfie

No hace falta explicar lo que significa la expresión “selfie”. Todos tenemos más que claro lo que significa e inclusive hemos sido protagonistas de unas cuantas. Las “selfies” están revolucionando el mundo, y claro, no faltan los “científicos” que nos inundan con sus análisis en relación con las personas que protagonizan este estilo de fotos. Valga la pena aclarar que me referiré a las “sefies” como si se tratara de una palabra de género femenino sólo por comodidad, ya que ni es palabra ni tiene género.

Volviendo al tema, decía que no son pocos los escritos que abordan el tema de las “selfies”, y en particular, los que hacen extensos análisis psiquiátricos, sociológicos, psicológicos, etc., sobre las personas que se toman “selfies”. Los análisis que se hacen por supuesto no son nada halagadores, al parecer detrás de una inocente “selfie” hay trastornos de la personalidad, complejo de inferioridad, escasez de seguridad, y el que no podía faltar, el análisis freudiano que ve en estas personas alguna expresión de perversión sexual.

Es posible que todos tengan un poco de razón, y que detrás de una foto se pueda advertir un asomo de todo eso que dicen, pero aun así las “selfies” siguen inundando el mundo. Y seamos sinceros, nos gustan, las “selfies” nos gustan. Acéptenlo. Mujeres, ahora que nadie las está viendo pueden sincerarse con ustedes mismas (tú puedes), y confirmarnos si es o no cierto que cuando están a solas con ese teléfono la mano se calienta, les vibra, el  lente las llama, los colores se acentúan, la ropa se encoje y por detrás suena ese perreo intenso que saca esa loba que llevan dentro, y sin más espera click click click y otra más click, tome su “selfie” carajo. Así, como por arte de magia nacen a la vida esas mágicas fotos de las mujeres y sus bocas como si estuvieran aullando a la luna (algunas lo están), o con esos pelos “espontáneamente” desordenados en la cara, o con esas miradas matadoras, o, las que más me gustan, con esos yines apretados que hacen juego con esas camisas escasas.

Es cierto que los hombres también lo hacemos, lo acepto, pero nunca con esa gracia, con ese garbo, con ese estilacho tex-mex de las mujeres. Las “selfies” de los hombres son más tranquilas, más adustas, más áridas si se me permite la expresión. Más aburridas. Claro que hay hombres que nos hacen quedar mal, y pido perdón en nombre de ellos. Perdón por las “selfies” musculosas, por las demasiado “delicadas”, o por aquellas de amor excesivo, perdón, en serio.

Psicológicamente está demostrado que las “selfies” nos ayudan a conectarnos con nosotros mismos, con ese yo interno, esa voz que en las mañanas nos habla y nos dice que tenemos que informarle al mundo que ha llegado un nuevo día, que nos hemos levantado, esa vocecilla que nos obliga a tomarnos una foto con la pijama transparente y el ombligo afuera. Bendecidos y bendecidas.

Las “selfies” tienen un gran poder, una energía liberadora, y por eso están revolucionando el mundo. Las “selfies” tienen, dicen los expertos, tres efectos: el primero, y alrededor del cual giran los otros dos, consistente en hacer que las personas se sientan más altas, más fuertes, más guapas, con un je ne se quoi como dirían los franceses. El segundo efecto, muy relacionado con el primero repito, es el de la generosidad, hace que aquel que se tome una “selfie” sienta la imperiosa necesidad de compartirla con todo el mundo y publicarla en cuanta red social exista. Es por eso que muchas veces vemos la misma foto de nuestra amiga (todos tenemos esa amiga) en Instagram, Facebook, Twitter, Snapchat, y claro, en el perfil del Whatsaap. El tercer y último efecto, con un alto grado de mística, consiste en un profundo sentimiento de gratitud que embarga al que se toma una foto de este tipo. Aquel que se toma una “selfie” es poseído por una gratitud infinita, gratitud con Dios, con el mundo, con la vida, y claro esto hace que todos esos protagonistas de “selfies” se declaren “bendecidos” y/o “bendecidas”; es curioso, pero liberador, de verdad, háganlo y verán.

En fin, está comprobado que son más las cosas buenas que trae consigo las “selfies” que las malas. Cuál es el problema si con ellas delatamos algún desquicio menor, o algún alter ego reggeatonero; no pasa nada, no hay problema. Lo realmente importante, y por eso las “selfies” están revolucionando el mundo, es que una simple foto hace que las personas se sientan un poco más felices con un simple click. Eso, eso sí es revolucionario, y por eso el mundo seguirá inundándose de “selfies”… y con ellas, de bendecidos y bendecidas.

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