Si lo dice el Caimán

La Revolución de la Crispeta

Finalmente pude arrancar a escribir este año. Fue un comienzo lento, lo acepto, pero prometo mejorar. Parezco político excusándome y prometiendo, debe ser porque es año electoral. En fin… Hoy escribiré sobre películas.

La ceremonia de entrega de los premios Óscar, que se realiza anualmente en el mes de febrero, me ha servido en los últimos años como excusa perfecta para dedicar un par de semanas a ver las películas catalogadas por los “científicos” de la Academia como las mejores producciones del año anterior. Algunas las encuentro divertidas, otras no tanto, y otras ni siquiera logro entender. Aunque no he logrado ver todas las películas nominadas para este año, a juzgar por las que he visto, no hay ninguna que me haya parecido extraordinaria. Sin embargo, no todo es malo.

A continuación les comparto mi opinión sobre algunas de las películas nominadas, que he tenido la oportunidad de ver. La opinión, aclaro, está exenta de conocimientos científicos y reflexiones profundas, se trata del punto de vista de alguien que va a cine a divertirse un rato y por supuesto a comer crispeta.

Quiero arrancar por American Sniper (2014), del director Clint Eastwood. Les confieso que esta película por alguna razón me genera cierto escozor que no he podido explicar hasta ahora, pero trataré de dar una opinión más o menos objetiva, aunque estoy seguro que es imposible. Bueno, la película tiene 6 nominaciones de la Academia, de las cuales no se merece al menos 3. No se merece la nominación a mejor película, ni a  la mejor actuación masculina ni tampoco al mejor guion adaptado. Pero… ¿qué sabemos nosotros, los ciudadanos del común, de películas? Los científicos están de acuerdo en que se trata de una súper producción. Si esta película hubiera sido estrenada en los años 50´s o 60´s podría jurar sin temor a equivocarme que se trataba de una producción financiada por la CIA. Tal vez se trate simplemente de un gesto de amistad y respeto de los miembros de la Academia con el octogenario Clint Eastwood. Allá también funcionan las palancas, y más si es camuflada.

Sé que prometí dar una opinión objetiva, lo siento. Otra promesa incumplida.

Ahí voy de nuevo…

American Sniper cuenta la historia de un francotirador de las fuerzas especiales (SEAL) estadounidenses que en el medio militar es reconocido como una leyenda, por su “eficacia” (en un sentido platónico de la palabra) al matar “enemigos”. Chris Kyle, interpretado por Bradley Cooper, atraviesa un debate interno al considerarse a sí mismo, por un lado, pieza imprescindible para la victoria americana de la guerra, y por el otro, incapaz de encajar en su rol de esposo y padre fuera del campo de batalla. Si me tocara describir en una sola palabra esta película, la palabra “floja” le haría justicia. Una trama trasnochada, americanizada, manejada pobremente y por ratos aburridora. Está lejos de ser una buena película, y mucho menos de merecerse una nominación como mejor película del año. La Academia le hizo un favor a Cooper, también, al nominarlo como mejor actor del año; su actuación fue igual de buena a la que hizo en The Hangover (2009).

Lo único rescatable de la película es Sienna Miller, y me da pena pero acá sí rompo deliberadamente las barreras de la objetividad y cualquier promesa. Cómo hago para ver a Sienna Miller y no recordar el papel de Nikki que hizo en Alfie (2004), simplemente no puedo. Ella es lo único rescatable de American Sniper; si van a cine a verla, aprovechen a Sienna, que además hace un buen papel.

Sigo con Boyhood (2014), nominada a 6 premios de la Academia. Esta película narra la historia de una familia americana a lo largo de 13 años, durante los cuales enfrentan situaciones con fuertes cargas emocionales, tales como divorcios, matrimonios, niñez, adolescencia, entre otros. Hasta aquí, nada raro. Lo curioso de la película es que la misma fue grabada durante 13 años de manera intermitente, lo cual permite a quien la ve ser testigo silente del crecimiento físico de los actores, quienes envejecen ante sus ojos. Acá puede uno percibir la huella de su director y guionista Richard Stuart, quien ya en el pasado había hecho, con éxito, experimentos semejantes. La historia es narrada a través de los ojos de Mason, el hijo varón de la familia, quien al inicio del rodaje tenía 5 años, y quien a lo largo de la historia va tomando más fuerza y energía convirtiéndose finalmente en el eje de la trama.

No fui a cine a verme esta película; la vi por error durante un vuelo, lo cual me da –digamos- cierta objetividad “adicional”. Me pareció interesante y bien dirigida, aunque por ratos lenta y aburridora. Si bien me vi la película completa, debo confesar que me dormí en algunas partes, lo cual me obligó a retrocederla en un par de ocasiones.

La película tiene buenas actuaciones. Son mejores las actuaciones que la trama. De hecho, si hubiera un premio por la escogencia del casting creo que esta película se lo ganaría. Todos los actores estuvieron muy bien escogidos. Ethan Hawke y Patricia Arquette, ambos, realizaron muy buen trabajo, y ambos están nominados por sus actuaciones. La pinta natural de rock stars olvidados de ambos actores, Hawke y Arquette, compaginó muy bien con el papel que estaban interpretando. Me disfruté mucho la actuación de Ethan Hawke, quien logró armonizar la constancia de la personalidad del personaje, con los cambios que durante trece años se van introduciendo en la misma a causa de las experiencias personales. No es mi película favorita, pero sí se merece las nominaciones que tiene.

The Theory of Everything (2014), nominada a 5 premios Óscar. Tenía todas mis esperanzas en esta película, y… ya les cuento. La película cuenta la historia de la relación entre Stephen Hawking y su esposa, Jane Hawking, interpretados por Eddie Redmayne y Felicity Jones, respectivamente. Mis expectativas eran bastante altas ya que soy un profundo admirador de Stephen Hawking, he leídos sus libros y por supuesto vi su documental sobre el breve espacio del tiempo. Para los que no tienen claro quién es Stephen Hawking, es un científico (este sí de verdad verdad) obsesionado con explicar el inicio y fin del universo. Lo especial de Hawking, entre muchas más cosas, es que ha logrado salir adelante (más adelante que todos nosotros) desde el punto de vista personal y profesional a pesar de que padece la enfermedad por la cual hace unos meses todo el mundo se bañaba en agua helada, llamada esclerosis lateral amiotrófica. Esta enfermedad lo tiene completamente paralizado. Solo puede mover levemente una de sus mejillas, lo cual le sirve para comunicarse (y escribir libros) a través de una máquina especial de la cual brota una voz robótica con acento americano que simula ser su voz. Me interesaba e intrigaba mucho ver cómo una película de dos horas contaría la historia de este personaje, cuya vida y obra dan para escribir una enciclopedia con tomos infinitos, como el universo.

En fin, fui a cine con mis expectativas altas, por supuesto, y salí de cine derrotado, por supuesto. Algo que sabía de antemano pero no quería aceptar. Como era previsible, el experimento fracasó. Una sola película no podía hacerle justicia a Hawkings. Sin embargo, derrotado como estaba decidí ir a tomar una cerveza con una amiga italiana, quien sí sabe de cine. Ella me explicó que el problema no era la película sino yo, lo cual hacía sentido. Me explicó que, en efecto, una película jamás podrá hacerle justicia a Hawking. Por esa razón The Theory of Everything no es una película sobre Hawking, sino sobre su esposa Jane, casi olvidada, y de su vida al lado del profesor Hawking (de hecho ella es una de las guionistas). Así suene simple, esta explicación cambió completamente mi opinión sobre la película. Sentí lo mismo que se siente cuando uno está mirando un cuadro en el cual su autor juega con los colores de tal forma que de un momento a otro, por un efecto óptico, uno empieza a ver figuras y colores que a primera vista no ve. Bueno así. Vista así, la película es muy buena y recomendada.

Debo hacer una mención especial sobre Eddie Redmayne, el actor que interpretó a Stephen Hawking, quien se jaló un papelazo y quien, por supuesto, está nominado como mejor actor principal masculino. Todavía no me decidido si es mi favorito para ganar el Óscar este año, pero si se lo gana (que tiene muchas posibilidades) sería un premio merecido. Creo que Hawking se emocionaría mucho.

Quiero terminar con Interstellar (2014), la cual está nominada a 5 premios Óscar, pero debió estar nominada a más. Las tres nominaciones que le regalaron a American Sniper (ver arriba) se las quitaron a Interstellar, con la aclaración adicional que Christopher Nolan, su director, debió estar nominado. Pero, oh sorpresa, no estuvo. Por alguna razón los científicos de la Academia se han negado sistemáticamente aceptar a Nolan como un director digno de una nominación, y por qué no, de un premio. Interstellar ofrece una visión apocalíptica del planeta tierra, según cual, la vida humana no es sostenible por mucho tiempo. Esta situación obliga a la NASA a explorar, utilizando agujeros negros, nuevos planetas en el universo con las condiciones propicias para albergar a la raza humana. El protagonista, Cooper, es interpretado por Matthew McConaughey, quien realiza un muy buen papel, por el cual no fue nominado. En honor a la verdad, creo que si fuera mi decisión tampoco lo hubiera nominado a pesar de la buena actuación que realizó. Debe ser porque todavía tengo el recuerdo del papelazo que se jaló el año antepasado en Dallas Buyers Club (2013) por el cual se ganó el Óscar a mejor actor principal.

Esta película es, hasta el momento, mi favorita, y considero que las nominaciones que tiene (en su mayoría técnicas) no le hacen justicia. Desde que inició la película estuve totalmente conectado y cautivado; la película es innovadora, tentadora y muy entretenida. Al final del día, a eso va uno a cine, o ¿no? Temas científicamente complejos los presenta de manera simple, como si se tratara de una amena explicación de Hawking. Se siente uno caminando a través del laberinto mental creado por Nolan (el mismo director de Inception 2010), en el cual uno va encontrando poco a poco la salida, la cual tiene una luz que se va haciendo más fuerte en la medida en que uno se va acercando. Si deciden verla, traten de ir a cine, pues los efectos especiales son excelentes. Los científicos de la Academia están de acuerdo con esto, y de hecho la nominaron por sus efectos visuales y sonoros. Para las (o los) que le guste las películas “rosa”, Interstellar podría gustarles ya que tiene también su toque amoroso. Muy recomendada.

Bueno, si por alguna razón van a cine a ver algunas de éstas películas traten de comprarse su bolsa grande de crispeta. Puede que no les guste la película, o no estar de acuerdo con mis comentarios, pero al menos comieron crispeta, y con la crispeta uno siempre va a la fija. Lo prometo.

Les comparto los enlaces de los tráilers de las películas mencionadas:

https://m.youtube.com/watch?v=7_M1lbjlv-o 
https://m.youtube.com/watch?v=fPCzKI8W5P8
https://m.youtube.com/watch?v=pOsMMutM8C0
https://m.youtube.com/watch?v=hhCtMhk8eHo

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La paz mía y la de mi padre

Desde que el tema del proceso de paz con la guerrilla de las FARC comenzó a estar en boga nuevamente en Colombia, mi padre y yo hemos tenido no pocas conversaciones sobre este particular. Nuestras discusiones nunca giran alrededor del fin, la paz que todo el país anhela, sino sobre los medios para conseguirla, pues mientras él está de acuerdo con un proceso en el que todas las partes se sienten como iguales a conciliar diferencias, yo tengo dudas de que un gobierno legítimo sea equiparable a una guerrilla ilegal, con poco poder militar y nulo poder político. A pesar de que considero que son grandes nuestras diferencias respecto al método, son aún más grandes nuestras coincidencias respecto a la finalidad, la paz.

Cómo podemos estar mi padre y yo en orillas tan opuestas. Cómo es posible que a pesar de ser padre e hijo y vivir bajo un mismo techo, tengamos visiones tan distintas.

Pues bien, yo nací a principios de los años 80 del siglo pasado. Una década en la que las fuerzas guerrilleras en Colombia pasaban de la ideología a la acción criminal, y en la que nuestro país pasaba de ser un país de cultivadores de hoja de coca, a un país de carteles y capos colombianos que controlaban no solo el cultivo, sino el transporte y la distribución mundial del narcótico. Estos dos fenómenos sociales pronto se convirtieron en uno solo, guerrillas y narcos trabajaban ahora de la mano en el negocio de la droga, y se apoyaban para asestar “golpes” conjuntos al Gobierno, como ocurrió en la toma del palacio de justicia.

Pronto el país conoció los secuestros, las pescas milagrosas, las bombas, voladuras de puentes y torres eléctricas, los asesinatos, las torturas, los niños en la guerra, y una cantidad adicional de atrocidades, que fueron degradando a pasos agigantados la otrora imagen romántica y casi heroica de las guerrillas. El actuar criminal de las guerrillas y los carteles de la droga había tomado una nueva dimensión, al punto que eran ahora considerados terroristas sin fundamento ideológico alguno. Catalogar a las guerrillas colombianas como “terroristas” no es un tema semántico, es un tema de fondo, pues el terrorista no lucha para conseguir una reivindicación social o política, sino que su interés es el de infundir temor a la población a través de un actuar criminal. Los terroristas no tienen nacionalidad, es igual de terrorista el guerrillero que voló el edificio del Club el Nogal que los yihadistas de Al Qaeda que derribaron las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. Con los terroristas el tema es distinto, con los terroristas no se negocia, a los terroristas se les busca y se les elimina. Punto. Como a un tumor maligno.

Ese fue el contexto que ayudó a perfilar y darle finalmente la forma siniestra a la imagen que yo, y todos los de mi generación, tenemos hoy de las guerrillas colombianas.

Mi padre por su parte, nació a finales de la década de los años 40 del siglo pasado, pocos años después del final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo intentaba reponerse de los estragos de la guerra y Estados Unidos se consolidaba como el nuevo imperio. Nació el año en que Jorge Eliecer Gaitán, seguro presidente de Colombia, fue asesinado por Juan Roa Sierra, lo cual generó protestas y desórdenes en Bogotá y otras ciudades, dando origen a una cruenta guerra partidista (entre liberales y conservadores) que después se denominaría la época de la Violencia, y que terminaría con el Frente Nacional.

El mundo de mi padre fue distinto. Él vio cómo el mundo se dividía en dos, en capitalistas y comunistas, entre la derecha y la izquierda, cada uno con sus razones, con sus verdades y con sus mentiras. Vivió la Guerra Fría, a los barbudos llegar al poder en Cuba, vio la guerra de Vietnam y los movimientos de amor y paz. Vio también nacer en Colombia movimientos ideológicos de izquierda que pedían reivindicaciones para el pueblo, lo cual sonaba entonces y aun hoy lógico y apenas justo; sin embargo, su forma de llegar al poder no sería a través de los caminos de la legalidad y la democracia, sino de la clandestinidad y las armas. Ellos tendrían sus razones.

Vio en la universidad un mundo distinto al mío. Vio como muchachos de su edad, de diversas estirpes sociales y orígenes, se declaraban indignados con el statu quo. Seguro sintió admiración por ellos, y seguramente también le dieron ganas de luchar con pasión e ideología por un mundo distinto, por un mundo mejor. Claro que también vio a los movimientos guerrilleros colombianos degenerarse y perder el rumbo ideológico, pero su andar le hace convencerse de que algún rezago ideológico y de querer un mundo mejor debe quedar.

En fin, solo entendiendo estos dos trasfondos individuales se puede entender que dos personas, padre e hijo, viviendo bajo un solo techo vean una misma cosa de manera distinta. Mientras para mí ceder en este proceso es perder algo que teníamos, para él es ganar algo que habíamos perdido, o que nunca hemos tenido. Gracias a que todavía quedan personas de la generación de mi padre, es que una paz negociada como la que se está planteando es posible; una generación que todavía vea, así sea de manera difusa, a una guerrilla con algo de ideología y no solamente como meros terroristas. Si no se logra la paz en este intento, dudo mucho que ese mismo escenario se repita en el futuro con una generación, que como la mía, ve en la guerrilla unos locos criminales. Sin ideología, romanticismo ni mística. Ojalá mi padre tenga razón.

… Pero antes una selfie

No hace falta explicar lo que significa la expresión “selfie”. Todos tenemos más que claro lo que significa e inclusive hemos sido protagonistas de unas cuantas. Las “selfies” están revolucionando el mundo, y claro, no faltan los “científicos” que nos inundan con sus análisis en relación con las personas que protagonizan este estilo de fotos. Valga la pena aclarar que me referiré a las “sefies” como si se tratara de una palabra de género femenino sólo por comodidad, ya que ni es palabra ni tiene género.

Volviendo al tema, decía que no son pocos los escritos que abordan el tema de las “selfies”, y en particular, los que hacen extensos análisis psiquiátricos, sociológicos, psicológicos, etc., sobre las personas que se toman “selfies”. Los análisis que se hacen por supuesto no son nada halagadores, al parecer detrás de una inocente “selfie” hay trastornos de la personalidad, complejo de inferioridad, escasez de seguridad, y el que no podía faltar, el análisis freudiano que ve en estas personas alguna expresión de perversión sexual.

Es posible que todos tengan un poco de razón, y que detrás de una foto se pueda advertir un asomo de todo eso que dicen, pero aun así las “selfies” siguen inundando el mundo. Y seamos sinceros, nos gustan, las “selfies” nos gustan. Acéptenlo. Mujeres, ahora que nadie las está viendo pueden sincerarse con ustedes mismas (tú puedes), y confirmarnos si es o no cierto que cuando están a solas con ese teléfono la mano se calienta, les vibra, el  lente las llama, los colores se acentúan, la ropa se encoje y por detrás suena ese perreo intenso que saca esa loba que llevan dentro, y sin más espera click click click y otra más click, tome su “selfie” carajo. Así, como por arte de magia nacen a la vida esas mágicas fotos de las mujeres y sus bocas como si estuvieran aullando a la luna (algunas lo están), o con esos pelos “espontáneamente” desordenados en la cara, o con esas miradas matadoras, o, las que más me gustan, con esos yines apretados que hacen juego con esas camisas escasas.

Es cierto que los hombres también lo hacemos, lo acepto, pero nunca con esa gracia, con ese garbo, con ese estilacho tex-mex de las mujeres. Las “selfies” de los hombres son más tranquilas, más adustas, más áridas si se me permite la expresión. Más aburridas. Claro que hay hombres que nos hacen quedar mal, y pido perdón en nombre de ellos. Perdón por las “selfies” musculosas, por las demasiado “delicadas”, o por aquellas de amor excesivo, perdón, en serio.

Psicológicamente está demostrado que las “selfies” nos ayudan a conectarnos con nosotros mismos, con ese yo interno, esa voz que en las mañanas nos habla y nos dice que tenemos que informarle al mundo que ha llegado un nuevo día, que nos hemos levantado, esa vocecilla que nos obliga a tomarnos una foto con la pijama transparente y el ombligo afuera. Bendecidos y bendecidas.

Las “selfies” tienen un gran poder, una energía liberadora, y por eso están revolucionando el mundo. Las “selfies” tienen, dicen los expertos, tres efectos: el primero, y alrededor del cual giran los otros dos, consistente en hacer que las personas se sientan más altas, más fuertes, más guapas, con un je ne se quoi como dirían los franceses. El segundo efecto, muy relacionado con el primero repito, es el de la generosidad, hace que aquel que se tome una “selfie” sienta la imperiosa necesidad de compartirla con todo el mundo y publicarla en cuanta red social exista. Es por eso que muchas veces vemos la misma foto de nuestra amiga (todos tenemos esa amiga) en Instagram, Facebook, Twitter, Snapchat, y claro, en el perfil del Whatsaap. El tercer y último efecto, con un alto grado de mística, consiste en un profundo sentimiento de gratitud que embarga al que se toma una foto de este tipo. Aquel que se toma una “selfie” es poseído por una gratitud infinita, gratitud con Dios, con el mundo, con la vida, y claro esto hace que todos esos protagonistas de “selfies” se declaren “bendecidos” y/o “bendecidas”; es curioso, pero liberador, de verdad, háganlo y verán.

En fin, está comprobado que son más las cosas buenas que trae consigo las “selfies” que las malas. Cuál es el problema si con ellas delatamos algún desquicio menor, o algún alter ego reggeatonero; no pasa nada, no hay problema. Lo realmente importante, y por eso las “selfies” están revolucionando el mundo, es que una simple foto hace que las personas se sientan un poco más felices con un simple click. Eso, eso sí es revolucionario, y por eso el mundo seguirá inundándose de “selfies”… y con ellas, de bendecidos y bendecidas.

Tu Hijo, el Héroe de Guerra

Stalingrado 8 de noviembre 1942

Querida madre

No hallo manera distinta de empezar esta carta sino yendo directo al grano. La suerte de Alemania, la tuya y la mía están echadas y decididas. Temo lo peor. En el este las cosas no marchan bien, el invierno se acerca y los suministros escasean. La toma de Stalingrado es una quimera, los soviéticos han iniciado una ofensiva por el noroeste y oeste de la ciudad, donde dependemos de los italianos y rumanos. Unas sabandijas sin voluntad. En el Norte de África el octavo ejército de las fuerzas aliadas comandadas por Montgomery avanza sin que Rommel pueda hacer mayor cosa, y el desembarco aliado en Argel y Orán ha tomado por sorpresa al alto mando alemán, quienes impotentes no pueden más que lamentarse. El panorama no es nada halagüeño.

Qué será de mí madre ahora que todo está perdido, que el tiempo se agota, que las oportunidades se acaban. Que será de mí madre. Y de ti. No me malentiendas madre, no hablo de mí como ente físico, tangible, espacial; NO, me refiero a mí desde un punto de vista metafísico, a mí como depositario de un propósito más noble, más grande, más sublime que el de disparar un fusil o escapar de una muerte que hoy se antoja caprichosa. No temo mi muerte madre, a veces la ansío; no temo la prisión, temo sí morir por dentro, aunque ya poco queda de mí. Recuerdas madre, cómo inició mi vida como soldado. ¿Lo recuerdas? Lo hice para complacerte, aunque tal decisión no era contraria a mi voluntad entonces. ¿Por qué no? parecía la decisión correcta. Tú podrías tener tu héroe de guerra familiar y yo podría encontrar un destino, una finalidad, y de paso, de pronto, ser feliz. ¿Por qué no? Vaya tarea madre, tu felicidad y la mía sobre mis hombros.

La guerra pronto acabará madre y he fracasado como héroe de guerra y como buscador de felicidad. Un fracaso más madre. Dos fracasos perdón, perdón madre. No me sorprende mi fracaso, mis fracasos; a ti tampoco. Lo sabes. Desde el inicio sabía que la única manera de convertirme en héroe en esta guerra era morir en ella. Y estaba dispuesto a hacerlo, aun lo estoy. Al menos tú serías feliz, tendrías tu héroe de guerra. Te dolería mi muerte madre, claro que te dolería, pero la imagen de tu heroico hijo te consolaría, te gustaría, terminarías amándola, amándome, amándote.

No morí madre, aunque lo intenté. Lo juro madre, lo intenté. No podía suicidarme, no hay héroes suicidas, a menos que se inmolen en aras de un propósito mayor, más grande, más sublime. Mi causa, tu felicidad, sólo sería sublime para mí, ni siquiera para ti; aun así no cumpliría mi finalidad.

He pensado madre que podría hacerme pasar por un compañero muerto en combate, de esa manera tú tendrías tu héroe y yo tendría más tiempo para encontrar mi felicidad; pero qué haríamos entonces con la familia del difunto redivivo, él sería yo y yo sería él. Tu hijo habrá muerto en combate como un héroe de guerra, y aquella madre estaría feliz de saber que la guerra ha terminado sin que le notificaran la muerte de su hijo, pero dónde está su hijo. Sería yo madre, tu hijo, quien por hacerte feliz a ti y por ganar tiempo para buscar mi felicidad, sacrificaría la de una madre que tal vez no quiera un héroe de guerra, sino a su hijo de vuelta a casa.

No lo sé madre, tal vez podría ir hasta donde la madre de mi compañero y hacerme pasar por él. Tal vez el deseo de creer que su hijo ha vuelto de una guerra tan cruenta para el cuerpo y para el alma sea mayor que la idea de tener un hijo muerto, e ignore el hecho de que no soy él. Tal vez madre pueda ser mejor hijo con esa madre que lo fui contigo. Y tal vez madre, solo tal vez, pueda yo ser feliz.

Espero no tener que mandar esta carta madre. Espero mejor, morir como un héroe de guerra.

Tu hijo

Exordio

Hace algún tiempo decidí que volvería a escribir… Ah y también a tomar fotos.

  • “Lo de las fotos está más fácil”, me dijo mi amiga experta en redes sociales, “para eso crearon Instagram” sentenció.

Para escribir me dijo que podía recurrir a Twitter, que ella con frases “cursis” ya contaba con tantos seguidores que podrían llenar un estadio. “La gente si es cursi ah” dijo como al aire (y mirando hacia arriba como en éxtasis) esperando una respuesta mía que nunca llegó.

Pero cómo voy a escribir cuentos y artículos de 140 letras. “Caracteres, en las redes sociales se llaman caracteres”, me corrigió un poco molesta.   “Caracteres” repuse. Cómo voy a escribir cuentos o todas las maricadas que yo escribo en 140 “CARACTERES”, lo dije despacio y en un buen tono.

  • Pues mijito, entonces le tocará abrir un blog. Ahí puedes escribir lo que quieras y subir las fotos que quieras.

En ese momento como por arte de magia empezó a sonar en mi cabeza una música celestial como en las películas cuando algo revelador ocurre… por fin había llegado el momento de saber exactamente qué era un blog. Ya lo había oído antes claro, inclusive tengo amigos que tienen su blog, pero jamás había sabido a ciencia cierta qué era.

-Yo tengo el mío, es divertido (dijo sonriendo). Pero requiere disciplina (dejó de sonreír), si quieres que la gente lea tus escritos y mire tus fotos tienes que fijarte una periodicidad para tus entradas y amarrártela al pie como un grillete medieval (ya en este punto terminaba las frases mostrándome sus dientes incisivos). Debes también definir de qué vas a escribir, tienes que tener una temática ya que tus lectores serán una especie de comunidad.

Perfecto, creo que podré hacerlo le dije, me dije. Si bien estaba decidido a hacerlo, estaba un poco asustado no solo por la actitud amenazante que había tomado mi amiga, que era como la de un padre que recibe al novio de la hija en su casa por primera vez, sino por el mundo en el que al parecer tocaba sumergirse. “Blog”, “comunidad”, “entradas”, “CARACTERES”… cualquier palabra mundana, adquiría un nuevo significado y nueva dimensión en el mundo de las redes sociales.

No le veo problema a la periodicidad, le dije. Si me toca escoger un día de la semana para hacer mis “entradas” (mi amiga alzó la ceja derecha mientras me oía utilizando adecuadamente mi vieja nueva palabra), escogeré el jueves. “No sé, tiene personalidad” aseguré.

  • Listo, a mí también me gusta el jueves, dijo como aprobando mi decisión. Inclusive uno que otro jueves puedes hacer un #tbt

Sabía que #tbt significaba algo en mi recién conocido mundillo cibernético pero ya en ese momento estaba un poco saturado para preguntar, así que decidí ignorarla.

-“Recapitulemos” dijo mi amiga con cara de profesora. “Cómo será tu blog?” Me inquirió.

Será un blog semanal, con tres secciones: uno para cuentos cortos, uno para fotos con historia y otro para blogs, donde escribiré sobre lo divino y lo humano, como dicen las revistas de peluquería. Ya irá cogiendo forma le dije. Esta vez era yo el que miraba hacia arriba como en éxtasis.

  • Y como se llamará papito, tiene que tener un nombre

Caimán Cienaguero, sí, se llamará Caimán Cienaguero, le dije.

  • Fatal, dijo mi amiga. Y se fue.